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Institución:
Dr. Sabagh
Las dietas radicales: peligrosas e ineficaces
Los primeros calores instalan la “dietamanía”, una desesperación por hacer dieta aunque no sea necesario. Una obsesión por alcanzar un cuerpo ideal en un mes. Por lograr en pocas semanas lo que llevó meses adquirir. Pero está demostrado que no es la fórmula. Y Ud. lo sabe. Pretender obtener resultados en el corto plazo tiene costos.

Sabemos que las dietas radicales (de moda, de los astronautas, de la luna, de la sopa de repollo, etc., etc., etc.) llevan a un cambio metabólico y a un posterior aumento de peso.

El organismo actúa como lo hacemos nosotros con el dinero. Cuando tenemos gastamos, cuando no tenemos no gastamos. La falta brusca de alimentos deja a nuestro cuerpo sin nutrientes imprescindibles y este reacciona protegiéndonos. Baja su consumo en kilocalorías en previsión que esta falta de comida se repita y termine con la vida.

Un estudio sobre adolescentes confirma que los regímenes radicales ocasionan estos cambios. El resultado es que no sólo no se adelgaza, sino que al reducirse el metabolismo se puede llegar a engordar, según demostró este estudio realizado durante cuatro años en 500 adolescentes de Estados Unidos. Estos resultados reafirman la idea que es necesario implementar dietas razonables, que permitan seguirlas en el largo plazo y esto se logra con comida, no privándose.

Comer cada 3 horas, comenzando con un buen desayuno, que ayude a tener menos apetito durante el día y realizar colaciones que “corten” el día. Si el organismo no tiene comida por largos períodos, ahorra en lugar de gastar.

Respetar almuerzo y cena, incluyendo carnes en una de las dos comidas y pastas, cereales o legumbres, en la otra.

Variedad, moderación, distribución y sentido común, nadie puede sostener una dieta pobre en alimentos por mucho tiempo. ¿Para qué hacerlas?

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