Las diferentes formas de sexualidad virtual en sus más variadas manifestaciones, forman parte hoy de una nueva modalidad de expresión sexual aceptable y placentera para muchos.
Las máquinas (con sus respectivos interlocutores-cyborg) provocan un alto efecto erotogénico que activa la respuesta sexual generando deseo y excitación conduciendo al orgasmo, generalmente por medio de la autoestimulación.
En las mujeres, la atracción virtual, podría deberse a la posibilidad de esconder el aspecto físico, sentirse más desinhibidas y libres de expresar placer en el acto sexual.
Los hombres lo prefieren porque disminuye la ansiedad, evitando así problemáticas asociadas como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil.
El verdadero problema del "cyber-sex", estaría centrado en la adicción, la cual se ve facilitada por algunas características inherentes a la realidad virtual como lo son el anonimato, la conveniencia y la evasión (Young).
La excitación que se experimenta, parece provocar una especie de "fuga mental" y evasión de los problemas cotidianos, favoreciendo la adicción.
Las fantasías y personajes que esconden la verdadera identidad conducen al internauta a una realidad paralela que puede en ocasiones, sustituir a la vida real, generando malestar en los vínculos de pareja o disfunciones sexuales como la eyaculación retardada.
La "infidelidad virtual" es otro tema en discusión.
En definitiva, la red puede ser muy beneficiosa y peligrosa también como otras adicciones.
¿Será que a los cuerpos les cuesta tanto mirar y escuchar el mundo real?
Tal vez, indagando a estos modernos "robots" y a nuestra interioridad logremos el equilibrio que disminuya la brecha entre lo abusivo y lo que esté al servicio del "ser" humano, para que autónomo y responsable pueda disfrutar de una vida sexual feliz.