El sildenafil y los jóvenes. ¿Cantidad o calidad?
El sildenafilo o sildenafil (compuesto UK-92,480) , fármaco utilizado para el tratamiento de la disfunción eréctil, es uno de los más vendidos en el mundo y se sabe que son los jóvenes menores de 20 años quienes pensando en incrementar su “rendimiento sexual”, incrementan las estadísticas del consumo.
Es más conocido por el nombre comercial Viagra, y muy posiblemente fue inspirado por la palabra "vyāghra" que en hindú significa "León" y donde son habituales los monumentos de dichos animales con sus penes erectos en los portones de los templos. A diferencia de lo que muchos pueden creer, el sildenafilo no actúa en ausencia de estimulación sexual. Su efecto es exclusivamente vasomotor y por lo tanto solamente está indicado para el tratamiento de la disfunción eréctil de este origen.
No aumenta la potencia sexual, el número, frecuencia, o intensidad de las erecciones en el varón sano.
Nuestra cultura, impregnada de costumbres machistas, y de relaciones que tienen el sexo y el “tamaño”, el sexo y la “cantidad”, el sexo y el “poder”, han hecho que adolescentes y hombres muy jóvenes echen mano a la “mágica” píldora para incrementar su “handicap" conseguir de este modo "una erección más fuerte”. (Mito de la cantidad, más que la calidad).
Pareciera que la sexualidad fuera una carrera, donde ganara el más fuerte, en lugar de “transitar en goce” desde lo que cada uno tuviera para intercambiar erotizando la vida cotidiana en sus rincones y sentidos.
El sildenafil, ha marcado un importante avance en los tratamientos de las disfunciones eréctiles en aquellos pacientes en los que estuviera médicamente indicado, pero ha causado una especie de “adicción social” y psicológica cuando su consumo ha sido en forma desmedida, o como una moda, o en aquellas disfunciones sexuales que hubieran podido tratarse con una sencilla terapia sexual. Las terapias apuntan a no tener temor al desempeño, a una apropiada educación en sexualidad que nos condujera a no discriminar, a la estimulación sensorial y al descubrimiento y al conocimiento erótico y paulatino del compañero.
En la práctica médica se ha observado un efecto placebo de medicamento, con lo que se corrobora que una gran parte de las disfunciones eréctiles son debidas a desinformación, temores, y a otras causas no orgánicas generadoras de la misma.
Es muy fácil conseguir el fármaco sin prescripción médica, con lo que se incrementan los riesgos de su utilización, ya que el mismo está contraindicado con el consumo de nitritos, (sustancias utilizadas para el tratamiento para la hipertensión arterial, enfermedad coronaria etc). El alcohol, muy al contrario de lo que creen los jóvenes, disminuye o anula su eficacia, por lo que la mayoría de las veces el medicamento no actúa “por sí”, sino provocando cierta desinhibición para afrontar las “exigencias” de la vida sexual.
Existen algunos trabajos que hacen referencia a cierta alteración en la motilidad espermática a corto y largo plazo, con lo que esto podría afectar la fertilidad futura de estos varones.
La disfunción eréctil es un problema que tiene causas variadas, por lo cual es imprescindible consultar con un especialista, ya que la misma podría ser la punta del hilo que diagnosticara precozmente una enfermedad vascular generalizada, o una enfermedad coronaria, o hipercolesterolemia, diabetes, etc., con lo que nos estaríamos anticipando a prevenir un infarto de miocardio, por ejemplo. Con respecto al uso del sildenafil en las mujeres y más allá de que algunos laboratorios puedan promover su uso, se sabe que este solo puede producir un efecto placebo en las mismas. No se ha inventado aún el fármaco del “deseo”, pero si existen los aromas, los sonidos agradables, las caricias y los besos, esos de los que nos hemos olvidado tanto. Si existe la posibilidad de galantearnos y seducirnos, de descubrir las cosquillas de la proximidad explorando cada rincón de nuestros cuerpos con nuestra fuente más maravillosa: la creatividad.